



En las faldas de la serranía de los altos, es un sitio que impacta por su exuberante y rica vegetación, ideal para una apacible caminata disfrutando el murmullo del agua y el canto de las aves.
Nada más seductor que ese rincón edénico que pertenecía al barón Coppens, a legua y media del pueblo. Abierto en la roca húmeda y silenciosa, en medio de la majestad del bosque, era como un templo natural que invitaba a la meditación y al reposo del espíritu.
El 26 de setiembre de 1921 tuvo lugar la inauguración civil. Una banda de música dejó oir sucesivamente los acordes marciales de la Bravancone, de nuestro himno y de la Marcellesa. En esa ocasión el barón Coppens y sus distinguidas hijas las señoritas Susana, Gabriela, Alicia y Magdalena, estuvieron incansables prodigando a todos los presentes las más finas atenciones.
En los salones del castillo se obsequió a las familias con un tea danés. El pueblo se divertía en el extenso parque con mil juegos y entretenimientos. No faltó el tradicional asado con cuero, rociado con abundante vino.” (1)
Fuente: El Diario: 26 de setiembre de 1921


